Ya se puede decir: lo conoci

Por Luis Ernesto Perez Galvan | | [email protected]

25 octubre, 2017 - 2:42 PM


Un padre repetía con frecuencia ante sus hijos, que uno no puede decir que conoce a alguien hasta que ese alguien muere.

De tanto escucharlo decir eso, uno de sus hijos, tratan-do de mirarlo a la cara mientras es-te se encontraba de pie, le preguntó: Papi, ¿qué tú quieres decir con eso, que siempre repites? Sin pérdida de tiempo, el padre respondió: Mi hijo, que solo cuando alguien muere tú puedes describirlo diciendo, fula-no era de tal y tal manera. Solo entonces puedes hacerlo, con la seguridad de que no cambiará.

Fidel, dicho así de manera tan breve, nos ofrece ahora la oportunidad de decir que lo conocimos, afirmar plenamente quién era.

Quienes por casi sesenta años apostaron a que el Comandante variaría sus principios y procedería de manera distinta a la que trazó a su vida y a la de su pueblo, pueden decir ahora: por más que lo trataron de acorralar o convencer, no cambió.

Para los que a través de todo el mundo sintieron el brazo hermano de la solidaridad cubana, en el frente de guerra contra dictadores y gobiernos opresores, en las aulas escolares, en los hospitales, en todos los campos de las ciencias y las tecnologías en que Cuba ha dado mues-tras de lo que es capaz la voluntad de un pueblo, esos beneficiarios de las acciones de un pueblo pequeño, pero grande, testimoniarán con pro-piedad que, ido materialmente, fue, es y será el gran amigo.

De Fidel Castro podrían llenarse páginas de adjetivos para decir a quién conocimos. Valiente, gran estratega, dedicado, solidario, preparado, querido, odiado, admirado, temido, locuaz, cubano, latinoamericano, mundial.

Ningún gobernante en los tiempos modernos ha sido capaz de esparcir sus acciones e influir de manera tan preponderante en un territorio tan grande como lo hizo Fidel. ¡Fidel es inmenso!

Para la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Primada de América, contar en sus anales con un Doctor Honoris Causa llamado Fi-del Castro Ruz es un orgullo, es un honor. Por sus méritos personales y políticos, esta Universidad, a la cual unen con Cuba vínculos indiscutibles de solidaridad, honrará por siempre su memoria, y su vida servirá de inspiración para continuar la lucha por una República Dominicana cada vez más próspera, libre e independiente. ¡HASTA SIEMPRE, COMANDANTE!

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